Descendientes de MoctezumqQueremos dignificar el legado de México

A 500 años de la caída de México-Tenochtitlan, los descendientes de Moctezuma Xocoyotzin, el antepenúltimo tlatoani azteca que recibió a Hernán Cortés, tienen clara su intención de dignificar el legado que le dejó su historia familiar.

Ciudad de México, 1 de septiembre (La Opinión).– Tienen perfectamente claro su linaje. La casa de la que provienen, el árbol genealógico que los respalda como descendientes de Moctezuma Xocoyotzin, el noveno emperador de México-Tenochtitlan (1502-1520), el antepenúltimo tlatoani azteca a quien le tocó recibir a los españoles encabezados por Hernán Cortés en la ciudad que le arrebató.

Los Moctezuma están claros. Nunca han perdido su rastro de sangre y saben hacia dónde van. Al menos en uno de los linajes de las cuatro casas Moctezuma.

“Queremos dignificar el legado de nuestro México original”, dijo Ituriel Moctezuma en entrevista con este diario donde deja claro que la honra comienza por el lenguaje: no fue conquista, sino invasión, dice. No eran sacrificios humanos, sino “muertes honrosas” reglamentadas como la pena de muerte en algunos estados de Estados Unidos.

Ituriel, ingeniero electricista de profesión, es uno de los gobernadores del país nombrados en asambleas a la usanza de usos y costumbres. Representa a la Ciudad de México en el Consejo Nacional Mexicano de Pueblos Originarios y Comunidades Indígenas que ha instaurado un símil de los mandatarios estatales electos constitucionalmente.

El Huey Tlatoani tuvo 20 hijos con distintos matrimonios, según la conclusión a la que han llegado los historiadores. De ellos, 16 murieron en las batallas frente a la gente de Cortés y le sobrevivieron cuatro: la primogénita Teresa Francisca, hija de su primera mujer quien murió en el parto; María Leonor, Pedro e Isabel (Tecuichpotzin).

De su descendencia hay documentación en el Archivo General de la Nación, donde se apoyó el investigador Arnold Labeuf, de la Universidad Jagielónica de Cracovia, para crear uno de los árboles genealógicos más completos sobre los Moctezuma.

Fue Labeuf quien profundizó en el estudio de aquellas familias reales de la Triple Alianza prehispánica que gobernaban Tenochtitlán que huyeron de ésta tras su derrota hacia el municipio guerrerense de Chilapa, actualmente uno de los más pobres e impactados por la violencia del crimen organizado.

Los Moctezumas descendientes de Teresa Francisca dicen que ellos son los únicos que, en la primera generación, conservaron la sangre mexica pura porque de todos los hijos sobrevivientes, sólo ella no se mezcló con españoles: se casó con Diego Huanitzin Alvarado (hijo de Cuitláhuac) y su hijo Pedro Cortés de Tlacopan fue reconocido por Carlos V como el emperador de Tenochtitlan tras la muerte de Cuauhtémoc, quien no tuvo descendencia.

“La verdadera sucesión de la corona de Moctezuma no fue a través de Isabel y sus matrimonios con españoles, sino fue a través de Teresa quien se matrimonió con el hijo de Cuitláhuac”, destaca Ituriel.

Posteriormente Pedro Cortés de Tlacopan renunció a la vida novohispana de la ciudad de México y fue a Guerrero en busca de rearmar o reorganizar la reconquista de Tenochtitlan. Allá se enamoró y ya no regresó. Se casó con Ana (descendiente de Nezahualcóyotl y de los señores de Xochimilco) y de esa unión nació el primer Moctezuma de Chilapa: Joseph Moctezuma.

Joseph pidió a la Corona española que se le permita usar “Moctezuma” como apellido porque la palabra era, más bien, una referencia a un titulo nobiliario mexica para la gente sabia. Ituriel dice que, el de Chilapa, estaba interesado en que el linaje, la tradición, la herencia de Tenochtitlan.

“Tener el apellido era muy importante”.

El historiador de la Universidad Nacional Autonóma de México,  Jesús Hernández Jaimes, observó algo más: “Los hijos de Moctezuma mantuvieron, al igual que gran parte de la nobleza indígena, constantes litigios ante la Corona Real por obtener la mayor cantidad de privilegios posibles”, documentó.

“Al linaje de Pedro, el Rey Felipe IV le otorgó el título de Conde de Tultenco en 1627 a un bisnieto del tlatoani; a la descendencia de Isabel (Tecuichpo), los títulos de Conde de Miravalle y una pensión monetaria de mil 480 gramos oro hasta 1933”. De esta rama desciende el actual Embajador de México en Estados Unidos, Esteban Moctezuma.

A los hijos, nietos, bisnietos, taranietos de Chilapa se les dio el cacicazgo y la mayoría de Chilapa, según investigaciones del historiador.

Los descendientes de Joseph en Chilapa se multiplicaron durante décadas y décadas por toda la región. Ya en el siglo XXI, se calcula que hay unos 300 descendientes vivos, entre ellos, Andrés Moctezuma, abuelo de Ituriel, quien cuenta con 40 personas más de los suyos.

La última vez que se reunieron fue el 27 de enero de 2019, poco antes de la pandemia, cuando Andrés cumplió 100, ya sin cacicazgos ni mucho menos. Sólo es un colaborador de historiadores que tiene la consciencia de transmitir los “deberes de sangre” de los Moctezuma a sus 102 años. Y sigue en pie.

¿QUÉ SIGUE?

Los Moctezuma descendientes de Teresa Francisca tienen actualmente misiones en conjunto y paralelas. Entre ellos hay diversos tipos de profesiones y oficios, desde campesinos, artesanos, economistas, abogados, médicos, empresarios, diseñadores; gente que sigue en Guerrero o emigró a los alrededores, a Morelos, a la Ciudad de México y hasta Estados Unidos.

“Somos bastante normales, la diferencia de nuestra familia es que sabemos de donde venimos y eso nos hace conscientes y responsables para ser propositivos y activos en la sociedad, de alguna manera tenemos arraigo”, destaca Ituriel, el más político de este linaje actual.

—¿Cuál es la misión familiar?— se le pregunta.

—En primer lugar, dignificar el legado de nuestro México original, a través de la buena imagen y labor de la familia hacia la sociedad, predicar con el ejemplo. Lo otro es ayudar a la comunidad a recobrar su identidad y su forma de vida. Implica desde lo cultural, lo alimenticio, y la forma de Gobierno, nosotros estamos trabajando con el Consejo Nacional Mexicano Indígena y con muchos colectivos políticos, sociales y culturales para establecer un Gobierno autóctono.

—¿Serían gobiernos paralelos?

—Más bien, se trata de armonizar el trabajo administrativo del Estado mexicano con el Gobierno tradicional de los indígenas para que todas las decisiones que sean tomadas en cuanto a lo económico, social, político, pasen por la votación de un consejo de los pueblos originarios como un mecanismo de contrapeso.

—¿Como el papel de la Reina en la Corona británica donde los primeros ministros deben consultarle las decisiones?

—Así es. La Corona inglesa no ha perdido su identidad; nosotros queremos recuperarla.

La familia quiere para el país algunas formas de vida ancestral que aún se conservan en los territorios de los pueblos oriundos, desde el temascal, las yerbas, el calendario mexica o la ciencia del maíz, entre muchos otros cultivos que utilizan calendarios de siembra y cosechas basados en conocimientos prehispánicos.

Por eso  los Moctezumas apoyaron el impulso de una Ley que ya se aprobó en la Cámara de Diputados, para que se reconozcan los saberes ancestrales mexicanos como conocimientos científicos con el apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

“Son conocimientos que han sido transmitidos de generación en generación por siglos entre nuestros ancestros que experimentaron la vida en la tierra y sus fenómenos físicos antes que nosotros y los hemos ignorado”, dijo la Diputada María Eugenia Hernández, autora de la iniciativa.

“Nos van a ayudar a resolver problemas relacionados con temas sustentables, cuidado del agua y la salud ciudadana”.

BATALLAS ESPECÍFICAS

Las luchas locales por la armonía de las comunidades origianes también son un talón de Aquiles para los Moctezuma. Leticia Fabián, otra de las nietas de Andrés y prima de Ituriel, encabeza actualmente una batalla en contra del paso del sistema de transporte colectivo Mexicable en Santa Isabel Tola.

La población ubicada en la Alcaldía Gustavo A. Madero es una las últimas comunidades rurales en la Ciudad de México donde aún se habla el náhuatl, sin embargo, la mancha urbana está a punto de comérsela. La construcción de teleféricos que pasarían por arriba de sus cabezas lo considera una afrenta total a la vida de campo que pretendían conservar.

“Tenemos nuestras tradiciones, nuestra Iglesia de Santa Isabel de Portugal con más de 500 años, la identidad como pueblo originarios, el Acueducto de Guadalupe que data desde Tenochtitlán y ahora nos quieren invadir con puentes y construcciones modernas que no van con la tranquilidad de la comunidad”, cuenta Leticia Fabián, economista de profesión.

“Eso es trasgredir la conservación histórica”.

Leticia Fabián encabeza marchas, convoca a reuniones, cuelga afiches informativos por todo el pueblo, pero las autoridades no le dan muchas esperanzas: los constructores ya pusieron la estructura, las varillas y cavaron a profundidad desde que la licitación se hizo sin consulta a la población.

Aunque en Santa Isabel Tolá la mayoría de los habitantes son de origen indígena, no está oficialmente reconocida como una comunidad de pueblos originarios y, por tanto, no está obligado por el convenio de Organización Internacional del Trabajo a consultar sobre la obra, además de que el Gobierno no está acostumbrado a preguntar.

A la par de este activismo comunitario, Leticia Fabián tiene un asunto personal relacionado con el linaje: sólo tiene una hija y quiere que lleve el apellido Moctezuma que ella no tiene. Cuenta con el apoyo de su marido, quien no tiene problemas de que el Flores se pierda a favor de la casa del tlatoani Xocoyotzin.

“El problema es en el Registro Civil”, detalla.

En 2020 el Congreso mexicano autorizó que los padres decidan el orden de los apellidos de los hijos, según convenga. Pero en los tiempos en que ella nació (1976) eso no se permitía y por eso se apellida Fabián y no Moctezuma; por tanto, su hija puede ser Fabián Flores, más no Moctezuma Flores. “No será sencillo el proceso”.

Raúl Moctezuma, de 57 años, no tiene problemas de apellido. Más bien, al séptimo hijo de Andrés suma causas de otro tipo. Abogado, maestro en administración pública, es el actual director jurídico de la Comisión Nacional de Arbitraje Médico, un trabajo que lo absorbe y lo mantiene lejos del tema de linaje.

“Lo compenso informándome de la historia de la familia”, cuenta.

El resto del tiempo atiende y resuelve controversias de quejas médicas. Esto es, todo aquel paciente que acude a un proceso médico y se inconforma con cualquier prestador de servicios médicos sea de un hospital público o privado.

No es un asunto menor. Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos, las principales quejas en contra de instituciones las encabezan aquellas relacionadas a la salud como el Seguro Social (IMSS) o el ISSSTE, además de las clínicas regionales y las privadas. “Es un trabajo muy absorbente que no permite más”.

EL PASADO EN EL PRESENTE

Hay dos tópicos de la Era del Emperador Moctezuma que en la modernidad tienen una mayor relevancia para sus descendientes: el retorno del Penacho a México y la revisión de la historia que contaron los españoles.

Leticia tiene particular interés en el Penacho de Moctezuma y para catapultarlo hace equipo moral con la esposa del Presidente Andrés Manuel López Obrador, Beatriz Gutiérrez Müller, quien en octubre pasado exigió sin éxito al Gobierno de Austria la devolución de la corona del tlatoani. Los europeos argumentaron que “es muy frágil” y que el viaje de regreso podría dañarlo.

La descendiente del tlatoani dice que recientemente inició pláticas con Xoconochtletl Gomora, jefe histórico de los pueblos originarios de Campeche, para que como representante exija la devolución por la vía de los pueblos originarios. “Era nuestra diadema del poder, no podemos abandonarla, es un símbolo”.

Otro símbolo que pretenden poner en cuestión es el sacrificio humano según quedó plasmado en los escritos de los españoles. Ituriel dice que Bernal Díaz del Castillo sólo habló de lo que escuchaba pero que nunca fue testigo de ningún corazón palpitante extraido de un pecho en el Templo Mayor porque no se hacían ahí.

“Para empezar no existía la palabra sacrificio en náhuatl, ellos llamaban a esos ritos ‘muertes honrosas’ porque se hacían bajo leyes muy estrictas contra quienes merecían la pena capital: ladrones, violadores, traidores al estado, gente de lo peor o criminales reincidentes”.

En una reinterpretación similar, los Moctezuma de Chilapa quieren una revisión del papel de Isabel, aunque venga de otro linaje, porque consideran que fue utilizada por los españoles para que les firmara documentos para apropiarse de tierras y títulos. Tenía 15 años, podían manipularla y la casaron cuatro veces para sacarle poder.

“Es muy necesario un revisionismo histórico”, remata Ituriel.

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